jueves, 28 de julio de 2011

Caparrós como guía


Como mencioné anteriormente, estos días estuve releyendo con mayor profundidad a Caparrós. Desde un principio, me había gustado mucho su manera de escribir, y ahora puse mayor atención en ideas que plantea que me resultan muy interesantes para ponerlas en práctica y llevar a cabo mi proyecto narrativo:


"Me gusta escuchar: viajar es, más que nada, un ejercicio de la escucha. Pero me agota, por momentos. Escuchar es tanto más cansador que hablar: uno habla con sus propias palabras, con lo que ya conoce y, salvo epifanías, se sorprende muy poco. Escuchar, en cambio –no digo oír, digo escuchar- necesita una
atención muy especial: esperar lo inesperado todo el tiempo".

"Yo no investigo, no hurgo, no busco nada oculto: con lo visible alcanza. El problema no es descubrir; el problema está en hacer sentido con lo que se ve. Entender, que le dicen: cruzar, relacionar, pensar causas y efectos: arriesgarse. La verdad, si es que existe este bicho, está en las relaciones. Buscar lo culto es quedarse en la superficie de las cosas (...) el cronista sólo puede estar atento y esperar".

" ...caminar por la selva no sólo implica la ignorancia sino, sobre todo, la conciencia extrema de esa ignorancia. Un punto: esa conciencia aparece porque decidimos observar nuestra ignorancia. 
(...) Quizás, viajar sirva para no pensar que tampoco entendemos lo propio, lo cercano".

"Viajar sería también el esfuerzo de interesarse en cosas perfectamente ininteresantes: creerlas atractivas. Y fracasar muy a menudo en el intento".

"La causa más testaruda es el azar y cualquier viaje lo pone en evidencia. Yo busco, por supuesto que busco y tengo ideas y planes previos. Pero llega un punto en que encontrarme a fulano o mengana, a tal o cual, es felizmente incontrolable. Por eso también este relato no podría ser exhaustivo. Es una sucesión de azares... Un viaje es provocar el azar para que se pique y decida manifestarse con todo su poder, toda su furia".

En conclusión, siguiendo a Caparrós, antes de ir al Borda, pretendo tener en claro algunas ideas y objetivos a modo de poder aprovechar la experiencia al máximo para luego poder plasmar todo en la crónica: voy a escuchar, a observar, a abrirme a absolutamente todo lo que pueda llegar a ocurrir en mi visita, a dejar que el azar actúe y exponga ante mí acontecimientos "felizmente incontrolables", voy a interesarme en lo que habitualmente pueda parecerme ininteresante, voy a aceptar mi ignorancia a modo de intentar comprender lo cercano, y no voy a observar lo que ocurre desde afuera, como si fuera algo externo a mí; en definitiva, voy a intentar darle sentido a lo que vea, sin buscar más allá, sino interesándome en los detalles aparentemente más triviales.   

Conociendo al Borda


Después de varias vueltas, ya lo tengo decidido: este Sábado voy a ir al Hospital Borda para presenciar en vivo la grabación de la Radio La Colifata, y si llego con el tiempo, me voy a quedar a ver una película que van a pasar, dentro del Ciclo de Cine a causa de los 20 años de emisión que cumple la radio este año. Mientras tanto, sigo leyendo a Caparrós, de quien estoy sacando varias ideas interesantes (que comentaré proximamente en otra entrada). Debido a que hasta el Sábado no voy a poder empezar de lleno con mi crónica, estos días estuve averiguando un poco más acerca del Borda y de la radio, por lo cual paso a contarles parte de la información que conseguí.

El Hospital Interdisciplinario Psicoasistencial José Tiburcio Borda –nombre bastante largo e inédito para los que solamente lo conocemos como “El Borda”- es una de las principales instituciones argentinas dedicadas a la salud mental y un importante centro de investigaciones en neurobiología, psicopatología y relaciones psiquismo-cerebro. Se encuentra en la Ciudad de Buenos Aires, en el barrio de Barracas, fue fundado el 11 de noviembre de 1865 con el nombre de Hospicio de San Buenaventura y rebautizado Hospicio de las Mercedes en el año 1888. Desde 1905 hasta 1993, el hospital dependió de la administración nacional; en ese período se lo llamó Hospital Nacional Neuropsiquiátrico de Hombres,  y finalmente, en el año 1967 se lo bautizó formalmente como el Hospital Nacional José T. Borda, en honor al titular de la cátedra de Psiquiatría de la Universidad de Buenos Aires .
En la actualidad, los internos del Hospital Borda llegan a ser unos 700 (aproximadamente), la mayoría de sexo masculino, mayores de 18 años, que padecen enfermedades mentales graves. Algunos requieren de tratamientos ambulatorios, pero la gran mayoría precisa de prolongados períodos de internación. Es decir, que para muchos el hospital es su hogar; sin embargo, al ser una institución pública –no prioritaria para el presupuesto del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires- las condiciones materiales de vida allí son bastante precarias. Al tratarse de internos de un hospital psiquiátrico, la mayoría no tiene la posibilidad de acceder a un trabajo en “el afuera” ni de ejercer sus derechos como ciudadanos (en una de las elecciones presidenciales, las autoridades del hospital decidieron hacer una votación interna para que los pacientes puedan vivenciar esta experiencia, más allá de que sus votos no tuvieron influencia alguna en los nacionales, ya que solamente fue un simulacro). Por estas razones, los internos terminan siendo marginados de la realidad social, y luego de años de internación, muchos ya no conocen otra realidad posible.
A modo de mejorar la calidad de vida de los pacientes, el psicólogo Alfredo Olivera, inauguró ene l año 1991 la Radio La Colifata. Este proyecto nació con dos objetivos principales: en cuanto a “los de afuera”, se propone ayudar a mejorar la comprensión del problema de la demencia, “la disminución del estigma social hacia personas que han sido diagnosticadas de algún padecer psíquico, con el objetivo de lograr una sociedad más tolerante e inclusiva” (fuente:  www.lacolifata.org); y con respecto a “los de adentro” , La Colifata se propone reconstruir el uso del lenguaje, dotar a los pacientes de cierta autonomía, que se den cuenta que pueden comunicar y que serán escuchados si expresan sus pensamientos, ejerciendo sus derechos ciudadanos.  Sin dudas, esta radio tiene elementos altamente positivos para ambos lados, y en todos estos años de emisión ha ayudado mucho tanto a los pacientes como a los oyentes de la misma.
Como es de público conocimiento, ya hace más de tres meses, el Hospital Borda se encuentra sin gas. Imagínense si para nosotros sería difícil vivir sin gas, lo que significa para las 700 personas allí internadas. La página web del Gobierno de la Ciudad explica que la situación empezó a causa de roturas de caños y tuberías provocadas durante remodelaciones de las instalaciones, y enumera las “soluciones” proporcionadas:
·    Se instalaron 32 termotanques eléctricos para aseo de los pacientes
·    El servicio de comida caliente está siendo suministrado correctamente por la concesión del comedor del Hospital.
·    Se realizó la compra e instalación de anafes eléctricos en los pabellones, para permitir calentar agua.
·    Se instalaron y se siguen instalando placas eléctricas en los pabellones ocupados con pacientes.
Sin embargo,  el personal del hospital vive una lucha diaria, intentando mantener caliente la comida que llega en viandas y apurándose a la hora de bañar a los pacientes debido al rápido enfriamiento del agua, bañando a los pacientes de a dos por vez (esto implica 450 turnos de baño). Claramente, además de los internos, las 1200 personas que conforman el personal del hospital tienen el doble del trabajo y sus problemas no parecen disminuir dentro del corto plazo. Definitivamente, los 32 termotanques eléctricos que el Gobierno se jacta de haber instalado en sus declaraciones, no son suficientes.  Si tan sólo se olvidaran de la política por un rato, e intentaran ponerse en el lugar de los pacientes y los trabajadores del Borda, quizá se empeñarían un poco más por mejorar la situación, pero no podemos pedir milagros. Mientras tanto, todos los integrantes del Hospital conviven con la lucha y hacen todo lo posible por seguir adelante por el bienestar de los internos, quienes, al igual que todos nosotros, merecen una vida digna y en buenas condiciones.

viernes, 22 de julio de 2011

Crónica será, ahora decidiendo el tema

Hola! Antes que nada, pido disculpas por no haber escrito antes pero estuve de viaje esta semana. Ahora sí,agradezco los comentarios que me hicieron porque estuve leyendo unpoco más de Caparrós y ya estoy bastante decidida para escribir una crónica. Igualmente sigo leyendo a este autor, todavía no terminé de revisarlo, por lo cual más adelante supongo que les transmitiré más específicamente lo que pude aprovechar de él.
Aunque ya sepa el género, sigo sin estar convencida del tema, no me termina de gustar la idea que tenía del microcentro, así que estuve pensando algunas ideas nuevas. Algo que me gustaría mucho y que ya estoy averiguando para saber si es posible, es ir al Centro Cultural del Hospital Borda. El tema de la "locura" es algo que me llama mucho la atención, especialmente después de haber leído a Foucault, y mezclar este singular concepto con el arte me resulta muy interesante para la realización de mi proyecto narrativo. Por lo tanto, apenas confirme si existe la posibilidad de visitar el lugar, voy a empezar a averiguar más sobre el tema, ya que no quisiera adentrarme mucho en la investigación para luego enterarme que no puedo verlo por mí misma, lo cual me impediría realizar la crónica.

martes, 12 de julio de 2011

Algunas ideas más concretas

No voy a negar que la incertidumbre sigue rondando por mi cabeza, presente y firme no quiere dar el brazo a torcer, lo cual no me sorprende. Sin embargo, aunque aún no está ni cerca de desaparecer, de a poco, va tomando forma. Lo hace de distintas maneras, quizá demasiado desparejas y diversas, pero supongo que alguna perdurará hasta convertirse en un Proyecto Narrativo estable y duradero.
Paso a contarles algunas de las ideas que se me ocurrieron como disparadoras:
En primer lugar, se me ocurrieron dos ideas (principales, ya que por mi mente pasaron muchas más, pero tuve que filtrar un poco) para escribir un cuento. Como mencioné en la entrada anterior, la semana pasada estuve leyendo algunos cuentos de los autores que menciona Ricardo Piglia, entre los cuales se encontraba Kafka, quien definitivamente, llamó mi atención. Entre los cuentos que leí de este autor, se encuentra "Chacales y árabes", donde uno de los chacales menciona una frase que me dejó pensando: "¿No es ya bastante desgracia vivir exiliados entre semejante gente?". A partir de esta pregunta, pensé en escribir un cuento de ficción sobre la vida en los ghettos durante la Segunda Guerra Mundial, desde el punto de vista de un guardia nazi; éste tendría algún defecto, por el cual el resto de los nazis lo "exiliarían" de su comunidad (sin destituirlo de su función, sino que el exilio sería principalmente social), lo cual se vería reflejado en la relación que el protagonista entablaría con algunos individuos del ghetto.
El segundo tema que se me ocurrió para un cuento es el cruce entre un vagabundo y un niño. Éste sería un cuento dividido en dos: un narrador sería el vagabundo, contando un día de su vida, y por el otro lado, una voz en tecera persona contaría lo que le va pasando a un niño, contemporáneamente. En algún momento de la historia, estos dos personajes se cruzarían: mientras el vagabundo pide monedas en la calle, el niño, que no tiene dinero encima, le ofrece lo que puede darle, un abrazo.
Con respecto a la crónica, leí un artículo titulado "La crónica según Caparrós", en la cual este autor menciona:  "La información, curiosamente, supone interesar a muchísima gente de lo que pasa con poquita, de los tejes y manejes de los pocos señores del poder (...) Me parece que la crónica se revela contra eso (...) es una forma de pararse ante esa estructura de la información que habla de unos pocos y decir que vale la pena contar lo que le pasa a todos los demás". En base a esto, pensé que podría ir un día al microcentro de la Capital Federal y observar a la gente, personas que corren de un lado a otro de la ciudad, estresados, apurados, sin mirar a su alrededor, centrados en sí mismos. Simplemente observar, por una vez, prestar atención al resto.
En fin, estas son mis ideas principales, a las cuales seguramente, se les sumarán algunas más en las semanas. Por ahora, prefiero centrarme en estas tres y pensar mejor cada una, intentar darles alguna forma para poder decidir cuál es la que más me interesa profundizar para escribir este Proyecto Narrativo.

martes, 5 de julio de 2011

Comienzos del Proyecto Narrativo

Empezar con un proyecto nunca es fácil, se requiere de determinación, seguridad, ganas, emprendimiento, convencimiento acerca de lo que se está por hacer. No les voy a mentir, en verdad, estas cualidades no son las que mejor me describen, quizá por esto se me hace tan difícil comenzar con este Proyecto Narrativo.
Claudia, nuestra profesora, nos advirtió de tres posiciones en las cuales podríamos llegar a encontrarnos al comienzo de este proyecto. Una de ellas era la de tener muchas ideas diferentes pero ninguna concreta, y no saber por dónde empezar la narración. Definitivamente, ahí es donde me encuentro en este momento. Mi idea original era la de escribir una crónica sobre algún lugar desconocido para mí, lo cual no necesariamente implicaría lejano, por el contrario, podría tratarse de algún barrio de la Ciudad de Buenos Aires o algún tipo de institución. Aunque todavía no tengo decidido el lugar, la idea de escribir una etnografía me llama mucho la atención, principalmente una crónica ficcionalizada.
Es decir, pretendo escribir una crónica mezclada con ficción, ya que me cuesta despegarme del dulce sabor de escribir un cuento, pero al mismo tiempo, me interesa arriesgarme a algo más aventurado y desconocido para mí. A partir de este disparador, estuve leyendo cuentos de los autores mencionados en la “Tesis sobre el cuento” de Ricardo Piglia: Hemingway, Joyce, Borges, Kafka. Antes de elegir a uno en particular, quise investigar un poco sobre cada uno, leí algunos cuentos salpicados de estos reconocidos autores, y a decir verdad, me está costando bastante decidirme por uno de ellos, ya que, aunque suene trillado, me gustaron todos pero ninguno llegó a cautivarme más que el resto.
Por lo tanto, estos días que siguen intentaré sumergirme aún más en cada uno de los cuentistas, conocer con mayor profundidad a cada uno, de manera que alguno de ellos me llame, me cautive, me hechice e inspire para poder comenzar de lleno con la escritura de mi Proyecto Narrativo. Quizá, así, una vez elegido un autor específico, pueda ordenar mejor todas las ideas que andan rondando por mi cabeza, porque no es que no se me ocurra nada, el problema es que se me ocurre demasiado.